Puede que cuando vayamos al cine a ver cualquier película te pregunten algo como: "¿En 2D o en 3D?".
Hace un par de años apareció en el mundo del cine el 3D, donde gracias a unas gafas muy graciosas que te daban a la entrada del cine y que seguro más de uno a la salida ha preguntado un "¿Me las puedo llevar?", veías como árboles, edificios, disparos, pájaros o cualquier otra cosa, salía de la pantalla en dirección a tu cara.
La primera vez que fui a ver una de estas películas ya llevaban varios años, por lo que íbamos avisados de cómo se sentía uno, pero aún así, ver Avatar en 3D fue toda una experiencia. Yo sentado en la butaca con mis gafas de cartón con dos cachos de papel celofán rojo y azul en vez de lentes, esquivando con mi cuello los árboles de la selva de Pandora, los dragones-pájaros-caballos que usaban los hombres azules... como si me fuese la vida en ello.
Sí, ir al cine es muy entretenido, las pelis en 3D molan, pero nunca nos preguntamos cómo se ha podido hacer esa película en 3D...
La respuesta es gracias a las matemáticas, más concretamente a los espacios vectoriales y a las matrices de cambio de base, logrando efectos como los giros de los objetos y la sensación de que estos se salen de la pantalla, igual que allá por 1895 sintieron los franceses cuando vieron "La llegada del tren" de los hermanos Lumière.
Por este motivo, a veces debemos preguntarnos el porqué de las cosas, ya que a veces los orígenes de lo que nosotros consideramos trivial, pueden ser fascinantes y complejos, pero aún así tampoco esta mal del todo relajarse y seguir sentado en una butaca con nuestras chulísimas gafas de cartón con dos cachos de papel celofán rojo y azul en vez de lentes que luego querremos llevarnos a casa.
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